sábado, 22 de agosto de 2026
HOLA -- El pueblo de Ávila con un palacio de la Casa de Alba donde veraneaba Goya
De lugar de veraneo aristocrático en el 'Versalles abulense' a paraíso del parapente, así es esta villa ducal perfecta para una escapada de fin de semana.
n el siglo XVIII, los veranos en Madrid resultaban sofocantes debido a las altas temperaturas, por lo que las familias importantes buscaban refugio en zonas de montaña con un clima mucho más amable. Al estar situada al pie de la Sierra de Gredos, Piedrahíta ofrecía ese ‘aire acondicionado’ natural, que permitía a los nobles mantener su ritmo de vida habitual en un ambiente más benigno y sosegado, lejos del calor y el bullicio de la capital.
Ante la necesidad de una residencia donde pasar la época estival, Fernando de Silva, XII duque de Alba y abuelo de la célebre Cayetana, que era un hombre culto y profundamente influido por la moda francesa, decidió derribar el antiguo castillo medieval familiar de los señores de Valdecorneja y levantar en su lugar un palacio barroco de dos alturas que rompiera con la sobriedad castellana y evocara el refinamiento de una pequeña corte europea.
Para figuras como la famosa duquesa, Piedrahíta representaba, además, la libertad. Lejos de la mirada rígida de la corte de los Reyes en Madrid, aquí podía saltarse el protocolo, vestirse de ‘maja’, mezclarse con la gente del pueblo en las romerías y disfrutar del campo. Esa atmósfera de relax y diversión fue la que terminó de convencer a Goya para instalarse allí durante un par de temporadas. Para el pintor, el pueblo no era solo un lugar de descanso, sino un estudio al aire libre donde podía retratar la alegría popular y los paisajes luminosos que tanto contrastaban con la seriedad de sus encargos oficiales.
EL VERSALLES ABULENSE
Varios siglos después, Piedrahíta sigue conservando ese aire de otra época, que se empieza a apreciar a las puertas del palacio, cuya fachada de estilo neoclásico recuerda a los palacetes franceses. De hecho, el conjunto es conocido como el “Versalles abulense”.
A diferencia de otros palacios que son museos, el palacio hoy tiene mucha vida, pues una parte del edificio se utiliza como colegio público y biblioteca y es curioso ver a los niños entrar y salir de un monumento nacional para ir a clase. Delante del edificio, una escultura recuerda al aristócrata que impulsó la gran transformación del palacio en una residencia de estilo más afrancesado. Los jardines de la parte trasera están abiertos al público y son el lugar ideal para dar un paseo tranquilo, o simplemente disfrutar de la vista de la Sierra de Gredos al fondo.


.jpg)
.jpg)