viernes, 5 de junio de 2009

EL REALISMO "NAS" MÍSTICO Y PROFANO DE DIEGO DE GIRÁLDEZ.

Tan a riesgo está el arte de la afectación de la palabra, de la altivez del gesto y de la difusión de la imagen, que apenas se consigue percibir el balbuceo de su fondo, la integridad interior que expresa el sentir, el pulso, el nervio de un artísta en el momento de la creación.

Esta turbación continua y constante que precipita sobre el vacío de una superficie desnuda y blanca una pincelada vivaz, un gesto aspero, un brochazo instintivo y apasionado, más tarde se revelará como pintura con su propio verbo, aunque aparentemente muda.

La obra del artísta gallego Diego de Giráldez, que ahora se presenta por primera vez en Sevilla, ya poseían obras de Diego varios museos de la ciudad desde hace años ( Museo Militar de Sevilla, etc.) su obra no requiere exabruptos literarios o afectación verbal alguna. Su personalidad pictórica cierra en ella misma su propia esencia. La realidad naturalista es a la vez el objeto y el pretexto de su quehacer artístico. Ante lo efímero de la existencia, su obra fija el instante de paralizar la acción inevitable del padre Cronos. No le priva un deseo descriptivo de lo que ve o siente, sino la salvación del olvido. Para ello, en un deseo de detener el tiempo, nos muestra un sugerente entorno real u onírico de base surrealista como síntesis de su mundo aprehendido intelectualmente, de alguna manera abstracto, pero real y tangible.

Este mundo toma formas esencialmente realistas; ora, en complejas y exquisitas representaciones humanas (v. g. Cristo hombre, 1982 ); ora, en sencillas iconografías figurativas de animales y bodegones (v. g. Reproducción del ser vivo 1981 y De vigilancia, 2005 ); también en ensoñadoras alegorías que gozan de un particular quietismo hermético y parsimonioso con recuerdos metafísicos (v. g. La pesca, 1990). El artístas elabora este entorno por medio de las líneas, la superficie, el volumen, las texturas ,un singular cromatismo plástico y una iluminación adecuada, con todos los cuales nos transmite la realidad de un instante.

La pintura de Giráldez está concebida como una pura y desinteresada investigación, semejante a un científico o a un filósofo, como búsqueda de una verdad que no podía ser resuelta más que con esa meditación laboriosa en el terreno de la verdad que es para él pintar. Esta investigación es la clave de la esencia pictórica de este maestro pontevedrés. Investigación física y de pensamiento mediante la cual expresa el mundo real y el aparente.

Una característica importante, por lo que tengo mirado, más que visto, es la de Diego como esencialmente artista hispánico, o ibérico. Por la sencillez, el mutismo, el misticismo, e incluso, porque no, el ascetismo de muchas de sus representaciones, en las cuales parece actualizarse el espiritu de la santa abulense en los cacharros y objetos coitidianos.

Esta es mi visión personal de la obra singular de este, desde hace tiempo ya, admirado artísta galaico; quien, atento a su entorno y fiel a sus profundas vivencias nos muestra un mundo sugestivo y sugerente para goce de los que valoramos con sensibilidad y rigor las creaciones magistrales de artistas como él

Gerardo Pérez Calero
Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla.