sábado, 8 de noviembre de 2008

A PINTURA DE DIEGO DE GIRÁLDEZ - POR MANUEL FORCADELA.

Sempre existiu un posible encontro entre a pintura e a poesía: a imaxe. Reducidas a ese humilde pero esencial territorio, as dúas artes son o mesmo. Por debaixo das distintas opacidades técnicas, das combustións cromáticas ou verbais, xace sempre unha imaxe.
Non creo no fetichismo das obras orixinais, dos obxectos pictóricos valiosos. Creo no poder das imaxes. O poder dun poeta, como o poder dun cadro, radica no encontro visionario dunha asociación audaz, na protestade de lograr infundir as cousas un significado que, anteriormente, non tiñan pero que, a partir dese momento, xa vai definitivamente ligado á palabra. Por iso os poetas reinventan a linguaxe, porque conseguen que a relación entre significantes e significados, esa relación que Saussure definía como arbitraria, se contaxie da presencia omnipotente da realidade. Todo significa todo, poderíamos dicir. A linguaxe como eixo central do simbólico lacaniano é a encargada deconverter o real no imaxinario.
Os artistas, tanto os poetas como os pintores, teñen a obriga de alterar esa relación, felizmente lóxica, entre o real, o simbólico (a linguaxe) eo imaxinario. De súpeto un cabalo amañece no cadro e leva un aparello de radio pendurado do pescozo; tamen unha nube con forma de avión vai deixando un ronsel de fume sobre o ceo. Magritte foi maxistral neste tipo de construccións. Demostrounos como calquera cousa pode servir para representar calquera outra. Unha rúa empedrada é, de súpeto, igual á torre dunha fábrica; o ceo pintado nun cadro sobreponse ao ceo que olla o pintor a través da súa xanela.
Creo que o valor central da pintura de Diego de Xiráldez é xustamente o de estar construida sobre a imaxe. A figuración aílla e singulariza os obxectos estrañándoos, facendo que os percibamos nun entorno diferente, nunha ensoñación que encontraría a súas raíces no surrealismo. O mundo onírico está agachado en cada unha das imaxes, as asociacións son arbitrarias e procuran encontrar o seu significado. Poñamos este obxecto á beira deste outro. ¿qué sucede? Pois unha imaxe dun espacio e dun tempo. Inevitablemente tornarase extravagante, utópica e intemporal.
Velai está o enigma. O mesmo enigma que está en cada cousa, porque a realidade é, en si mesma, inatinsible, aínda que na frecuencia dos nosos diarios encontros remate por converterse en vanal. Por iso esta pintura nos devolve o enigma das cousas. A fascinación de podernos ficar extasiados no puro ollar. Porque a ollada non e máis que coñocemento. E O coñecemento fundaméntase na indagación, fermosa palabra. In, dentro. Dagación, daga, dardo, bisturí. Abrir as cousas por dentro a base de miradas. O externo como inevitable mensaxe do interior.
Celebro os triunfos deste valor en alza da pintura galega que se chama Diego de Xiráldez e brindo pola continuidade feliz dos seus achados, nesta súa singular arqueoloxía das cousas..."

MANUEL FORCADELA.
Profesor de Literatura y Lengua, Escritor y Poeta.

Galicia.

viernes, 7 de noviembre de 2008

DIEGO DE GIRÁLDEZ - EL LIENZO COMO SUPLICIO DE CARICIAS - POR TITO GÓMEZ.

El ave duerme, tu pintas de madrugada esos verdes de col insinuada, ese misterio de cenizas que el poeta cantara y esos campos de espigas como cañas.
El lienzo suplicio de caricias y espadas y esa luz tuya, ya mía y nuestra, eternamente soñada y otra vuelta por tu inagotable imaginación bañada por el duende que él te dio para que nos dejes para el mañana.
Tu estudio como sepulcro con la piedra desnuda, con el potro de tres pies y un cuadro de materia bien cargada, compañero de desierto de noche de soledad continuada con golpes de sombras, de desnudos cuando se difumina el alba.
Ellos, todos te verán si los ojos levantaran, ya no estarán ahí donde tu nombre quedara, porque tus cerezas y manzanas, tus negros y blancos cuando nevara, son legados del que sufría de la noche a la mañana.
Enseñando tus raíces del pastor a la montaña, del cordero al labriego que te acompaña el alma. Guardián de los druidas, dólmenes y el agua que manara de esta tierra que es tuya y del celta que poblara.
Dejando la carne en el camino del insomnio, cada aurora el azul del mar te llama, los lilas y carmines cual primavera rosada y un plumaje de la noche locura observada.
Esperanza del mastín por leal bien ganada, de las cuerdas de tu "Cristo" para qué clavos como espinas, sus divinas manos no dañaran y esa madera que vislumbra inocencia sana.
Apartado de los ruidos, que confunden tu libertad amada, de tus pinceles al lienzo cala la espalda en tu inseparable oficio como el mejor que pintara, sin parecerse a nadie tu obra ya consagrada.
Quisiera traer la palabra esbelta que quedara, que se hundiera, que arañara como el amante a la amada y así tantísimas cosas, en tu magín, poesía bucolizada de la realidad infinita más lejana.


TITO GÓMEZ

Vigo.

ADELANTE CON EL REALISMO, DIEGO DE GIRÁLDEZ- POR FERNANDO MON

Decimos "adelante con el realismo", por la incidencia de numerosos pintores que ahora, precisamente están volviendo a estos modos de expresión específica. Pero lo que se ha anunciado como un sistema de realismo subjetivo por parte de los más decididos edalides de la realidad vigente, en Diego de Giráldez, pintor de joven ejecutoria, representa la más objetiva realidad. Esto es, un sentido de la realidad tal como ha sido vista por los pintores flamencos del diecisiete. Diego de Giráldez que ama todo lo que le entorna, todo lo que es cotidiano, ha dado cima a unas obras realizadas con mimo acariciante que representa esa cotidianeidad y ese entorno de las cosas amables que nos rodean cada día. El resultado pues, es una especie de serenidad eurítmica que ya, desde los griegos, se llamaba "armonia de las esferas" y que tanto utilizó el bajo medievo para atemperar y ajustar su afán de orden y, particularmente de ordenación.
Pero además la virtud de Diego de Giráldez, aún, repito, a pesar de su juventud, es la de haber medido con exactitud el diálogo de los colores por los que se trasluce asimismo, una exacta armonía y una mesura cromática de grandes calidades. Diciendo para terminar que Diego de Giráldez es un dibujante de trazos seguros, límpios y contínuos, decimos lo más sustancial que alberga su pintura, excepcionales cualidades formales.


FERNANDO MON.
Crítico de arte. - La Coruña- Madrid.

lunes, 3 de noviembre de 2008

A moza do chapeu

1992


Galo de inverno, 1998

domingo, 2 de noviembre de 2008

REFLEXIONES ACERCA DE LA OBRA DE DIEGO DE GIRÁLDEZ- POR LEONCIO VERDERA FRANCO

En el año 1997, fue incorporada al Museo, una obra peculiar, una pintura de técnica mixta y pequeño formato, ralizada en ese año por el artista Diego de Giráldez. La obra representa el busto de un soltado con casco de guerra. "Soldado de Camuflaje" lo titula el autor sobre el lienzo y ofrece una aproximación plástica inquietante a un combatiente, más onírio que real.
¿Quién es Diego de Giráldez?. Se trata de un creador prolífico, autoexigente, de incesante movilidad, que dese 1977, ha realizado más de un centenar de exposiciones. Espíritu solitario, siempre en busca de la perfección tanto en la forma como en la factura, para él, arte y oficio son inseparables. Como expresión de autenticidad marca diferencias, no adhiriéndose a ningún grupo ni teorizando sobre su pintura y, como mucho, Diego de Giráldez se autoasocia enigmáticamente con el "Realismo NAS". ni más ni menos que intento de conjutar naturalismo abstración y surrealismo.
La obra antes aludida evidencia a un pintor de la realidad, del naturalismo, de un realismo poético que sugiere implícito. Muestra el perfil de un soldado con guerrera y casco, sin ningún distintivo ni posibilidad de identificación y, más allá de la inmediata apariencia, nos brinda lo más importante, la esencia del soldado envuelto en un extraño misterio. Y nos deja pensativos.
Inmersión en el negro. Un negro telón de fondo significa a la figura que se encuentra estática entre él y el espectador. Negro espacio sin fin que comunica misterio y nos conmueve. La luz solar está totalmente ausente de la obra y sus luces pueden interpretarse más bién como filtraciones lunares, tal vez de una luna que se percibe ligeramente en lo alto del fondo negro. Giráldez inventa la luz en su obra y nos hace ver cómo esa luna ilumina la figura desde otro lado, incluyendo su silueta en blanco y grises que recorta la cabeza sobre la oscuridad total.
En esta obra, como en su producción restante, los colores son oscuros, con predominio del negro y el blanco y los grises resultantes de su mezcla. Negro en el fondo, grises en el casco y la guerrera y negro en el rostro, tan solo el blanco que recorta la silueta y el blanco de ojo, hacen que se rompa la oscuridad. Sobre fondo, progresivamente siniestro, se quiere destacar la cabeza del hombre y el ojo. Ojo que habrá visto tantas cosas, que habrá llorado tantas vece y que ahora permanece fijo, estático, inexpresivo, como paralizado por una memoria implacable. La figura parece dominada por un pathos, en medio de un tenebrismo sobrecogedor.
Y todo esto Giráldez lo transmite a través de una representación sencilla, humilde y recurriendo a los mínimos elementos plásticos, evitando posibles grandilocuencias en el tema. Estamos ante un simple soldado solitario, pero que se erige en símbolo asumible que representa idealmente a todos y que se puede asociar con cualquier soldado cercano a nosotros. La figura del combatiente no es en fin un retrato, es el conjunto de sus historias, de sus vivencias y el pintor nos hace ver todo el contenido vivencial que encierra la silueta de un rostro. Giráldez, ha buscado en este soldado representar su aura, en una aproximación a lo que permanece inmutable y no se destruye.
Así alcanza la intemporalidad de la obra. El modelo del casco parece informar de un país y de una época del soldado, pero poco más; no podemos deducir cuántos años hace que vivió ese soldado, porque el tiempo aquí se ha paralizado. Esto confiere un misterio, pues parece que el soldado ha abandonado la vida en un tiempo sin definir, asemejándose a un cadaver sin corromper. No representa vida, más bien se muestra como algo incorrupto para la eternidad.
Las obras de Diego de Giráldez producen en fin unas sensaciones que, sobrepasando lo pictórico, despiertan nuestro inconsciente y hacen que no nos podamos desprender finalmente de la imagen contemplada: son obras que siempre atraen aunque sin duda desconciertan. Su pintura, naturalista con tintes surrealistas y oníricos, se ofrece como única e irrepetible y siempre reconocible por las sensaciones impactantes que se transmite desde sus cuadros.
LEONCIO VERDERA FRANCO.
Coronel - Director del Museo Militar Regional de A Coruña, Doctor en Historia.

viernes, 31 de octubre de 2008

DIEGO DE GIRÁLDEZ - POR MARÍA TERESA FERNÁNDEZ PIÑEIRO.

Hay vidas y obras de importantes pintores que conviven con nosotros en la ciudad, que tienen datos que ignoramos, a veces esenciales. Por eso, através de datos documentales y con la colaboración de insignes escritores, críticos y directores de museos, se hace este libro acercandonos a la vida y obra del pintor Diego de Giráldez.
Como persona sensible, con todos los movimientos culturales, he observado detenidamente parte de la obra de nuestro artista: desde bodegones, paisajes, etc. Hasta la figuración, con composiciones que van más allá del realismo o de la perfección "hiper" para adentrarse en el " naturalismo" y la "abstracción".
Esos fondos y la atmósfera de sus cuadros, no creo que vengan dados por el hecho de haber nacido en el medio rural, A Cañiza, puesto que muy joven se trasladó a vivir a Vigo, sino por el gusto por lo cotidiano y por la necesidad de un reencuentro con ese medio rural, que seguramente no se daría de vivir permanente en su Villa natal. En cuanto al estilo tan personal viene de su personalidad artística, de su modo de representar, que se contempla perfectamente tanto del natural, modelos vivos, como de la naturaleza muerta.
El haber vivido desde niño en la calle Real, en la Ribera, en el barrio más antiguo, entre calzadas, casas, soportales y muros, todo de piedra, se nota en el carácter y la obra de nuestro pintor, como se nota el tener el mar a un paso de su casa o el haber contemplado a menudo las nubes desde el balcón de su habitación en los duros días de invierno, incluso en su blancos inmaculados se notan las nevadas cumbres del monte de Fontefría, cuando las cruzaba para trasladarse desde Vigo a su Villa natal.
En otro plano, decir que este libro significa también un reconocimiento al pintor, que como es sabido no sólo está representado en más de cien museos en todo el mundo, sino que ha sido seleccionado en 1998, para la Exposición Universal de Arte. Tiene por lo tanto ese doble valor.
Por último espero que este libro sirva como instrumento documental para los estudiosos del pintor y para consulta de jóvenes vigueses y viguesas que desde sus aulas puedan realizar trabajos sobre personajes de nuestra tierra.

MARÍA TERESA FERNÁNDEZ PIÑEIRO.
Concejala de Cultura del Ayuntaiento de Vigo.