viernes, 24 de octubre de 2008

Está pensando

1998 ( Propiedade particular)

De costas, 1987

sábado, 18 de octubre de 2008

EL ESPEJO DE DIEGO DE GIRÁLDEZ- POR JOSÉ A. PEROZO

Ese empeño de los críticos especializados por catalogar y clasificar las obras de arte es una costumbre del siglo XVIII de la que nos costará desprendernos. Semejante tarea de compartimentar la realidad ha cimentado en nuestros cerebros la impresión de pertenecer a un gran museo de la vida para el que los artistas e intelectuales crean permanentemente. Todos nos empeñamos en apresar la realidad, ya sea desde la plástica, desde la literatura o desde la información para legarla al futuro. Pero ¿qué es la realidad ? ¿Cuál es la realidad ? ¿Existe la realidad ?La interpretación de la vida está sujeta a la visión del artista del observador. Y no todas las visiones se corresponden con los mismos parámetros. La racionalidad del ser humano nos permite contemplar un mismo objeto e interpretarlo de mil formas distintas. Cada uno de nosotros llevamos dentro un espejo propio que manipula la realidad en función de nuestra forma de ver y de sentir la existencia. Esa transformación es la que hace posible la entidad del arte y las vías de conexión entre sentimientos y modos de comunicar. Por esta misma circunstancia me permito dudar de las etiquetas que los críticos y especialistas suelen adjundicar a la pintura, la literatura, la escultura, el cine, la fotografía... El día que rompamos con ese gran museo del presente seremos más libres y estaremos más abiertos a contemplar el arte sin prejuicios encorsetados.
El espejo de Diego de Giráldez se le han colgado infinidad de etiquetas de las que voy a prescindir en este pequeño comentario. Sin embargo-contradicción de contradicciones- no podré desprenderme de mi propia visión y de la observación que del arte anterior tengo impresa en la mente. Estoy seguro de que Giráldez busca plasmar su realidad por medio de la pintura y su realidad me remite, desde que lo conocí en los años setenta, a otro pintor para mi muy querido: Francisco de Zurbarán. La modernidad de este pintor nacido en A Cañiza podríamos entroncarla con aquella serenidad efectista, y tenebrista al mismo tiempo, del pintor de Fuente de Cantos (Badajoz), que se forjó en Llereda y triufó en la Sevilla del siglo XVII. El cariño que Giráldez muestra por los tejidos y su capacidad para extraer de ellos formas y sensaciones vivas está muy cerca de aquel otro virtuosismo de Zurbarán. El gusto de Giráldez por los bodegones y sus exquisitas composiciones tiene un claro precedente en el trabajo zurbanesco. A la aparente religiosidad, no exenta de componentes terrenales simbolismos, puramente humanos, del pintor de A Cañiza resulta fácil encontrarle una clara conexión con los motivos del pintor de Fuente de Cantos. Resulta curioso que dos mundos tan alejados en el tiempo y la geografía se puedan conectar. Y esa curiosidad no creo que sea ni fruto de la casualidad, ni de las influencias, ni de la imitación. Tengo el presentimiento de que el espejo en el que Giráldez refleja su realidad pueda ser muy similar alque el pintor del siglo de Oro tuvo en su mente y llevó a los lienzos
La pintura de Giráldez no es fruto de la casualidad. Es una obra pensada, producto de la reflexión y de la intencionalidad comunicativa. Este pintor de finales del siglo XX no quiere transmitirnos únicamente lo que sus ojos pueden captar, nos ofrece la vida y la realidad reelaborada. Estoy seguro de que detrás de cada uno de sus cuadros hay una historia o, mejor, una novela, un poema, una posición épica ante la realidad circundante que desea legar al futuro. La suya es una obra aleccionadora; como la de los antiguos constructores de catedrales, sujeta a códigos inconográficos que pueden estar perfectamente conectados con la más vieja de las tradiciones de transmisión de pensamientos e ideas mediante lecturas indescifrables a primera vista. He dejado escrito en alguna parte que Zurbarán también se valió de códigos visuales para construir su obra pictórica y con ella dejar patente una posición ideológica seguramente no acorde con las líneas ortodoxas de su tiempo y su época. Los códigos y el espejo que Giráldez emplea en su obra también se escapan al entendimiento de los profanos. Muchos de sus cuadros, que parecen explicarse por sí mismo, no son tan simples de interpretar. Se le han colgado etiquetas de hiperrealismo, de bucolico, de narcisista, de romántico, de tenebrista...Yo me permito interpretar que estamos ante un autor que piensa su obra y que deforma la realidad según su espejo interior, etiquetas al margen. Como es natural."
JOSÉ A. PEROZO
Periodista, Escritor y Autor de la obra y libro " Tal vez Francisco de Zurbarán ".
Galicia.

viernes, 17 de octubre de 2008

DIEGO DE GIRÁLDEZ - POR PEDRO ARDÁ LUBEIRA

Escribir unas pequeñas líneas sobre el pintor Diego de Giráldez, es para mi una satisfación, dado que su obra, ya ampliamente conocida en todo el mundo artístico gallego y español, no deja de darnos cada día nuevas impresiones y por supuesto nuevas satisfaciones. El Realismo Nas es para mí una conjungación perfecta de tres elementos que nos da una nueva visión del Arte.

PEDRO ARDÁ LUBEIRA
Jefe de Actos Públicos y Protocolo de la Excma. Diputación de Pontevedra.

jueves, 16 de octubre de 2008

CAMPESIÑA, 1986

Propiedade da Excma. Deputación de Lugo

A mazá, 1998


domingo, 5 de octubre de 2008

MEMORIA DE UN IGNORANTE- POR MANUEL ORÍO SOBRE LA OBRA DE DIEGO DE GIRÁLDEZ.

Reconozco que no soy ningún experto en pintura, y mucho menos, en pintura contemporánea. Muy al contrario, la plástica que hoy se desarrolla me es tan ajena como le resultaría un teléfono móvil a Leonardo. En definitiva que, como dicen muchos de mis amigos que entienden, a mi se me paró el reloj con un tal Francisco de Goya y Lucientes, aquel aragonés que, antes de ser sordo ya era genial y después de perder la audición, ascendió al lugar donde sólo se sientan los dioses. Particularmente, interpreto que la cuerda me duró un poco más. Muchos se sorprenden cuando les aseguro que mis pintores favoritos- después de don Diego, don Francisco, don Bartolomé Esteban y don Rembrandt- son los artistas españoles del siglo XIX, aquellos académicos pinceles que se empeñaban en recrear, fundamentalmente, estampas históricas de hondo dramatismo y crispados acentos. Es decir, Antonio Gispert, Palmeroli, Pradilla, Los Madrazo, Esquivel o Becquer, por poner ejemplos capaces de ilustrar estas, a juicio de algunos, estrafalarias preferencias. Esos lienzos, a menudo gigantescos, en los que se nos muestra con acendrado realismo el fusilamiento de Torrijos y sus compañeros de conspiración, la reina Juana la Loca acompañando a su augusto esposo Felipe, de cuerpo presente,por las yermas tierras de Castilla o el rey Amadeo, en actitud orante, ante el cadáver de Prim, representan una muestra de esa plástica, para algunos pasada de moda y para otros, como es mi caso, enteramente fascinante.
Resulta evidente que mis gustos en materia pictórica se mantienen fieles al realismo, probablemente porque, como pobre ignorante, no he sido capaz de saltar ese peldaño que convierte las formas en sueños, la carne en pensamiento y la geometría en metafísica. Sólo Dios sabe si, en efecto, las formas están absoletas, y si pintar un caballo es propio de estilos apolillados, pero en Diego de Giráldez percibo, entre otras gracias, muchos de los atributos que me agradan y, entre ellos, no es el menor, un concienzudo trabajo de excelente dibujante bajo los colores y el tratamiento de la tela, una herramienta que, en las nuevas tendencias, parece haber caído en el olvido, algo que no acabo de comprender. Olvidar que el pintor ha de ser un gran dibujante es lo mismo que aceptar la ignorancia de un periodista en materia de Gramática o lo de un médico, en Anatomía.
Colocar en fila los méritos y galardones acaparados por Diego de Giráldez no es el menester de este escrito. Si lo es, destacar su madurez de artista, el paulatino desarrollo de su aventura vital reflejada cada vez con mayor nitidez y serenidad en las telas, su noble dominio de los recursos del oficio, adquiridos por él mismo seguramente con pintura que a mí, personalmente, me satisface mucho.

MANUEL ORIO
Periodista, Director General Adjunto del Atlántico Diario. (Galicia).

jueves, 2 de octubre de 2008

viernes, 26 de septiembre de 2008

COMENTARIO SOBRE LA PINTURA DE DIEGO DE GIRÁLDEZ, UNA DE CUYAS OBRAS SE ENCUENTRA EN EL MUSEO MILITAR DE SEVILLA- POR CORONEL GAVIRA.

La obra pictórica de Diego de Giráldez, siendo figurativa, no deja de ser un estilo costumbristas en el que el autor da pinceladas surrealistas.
Es por lo tanto, difícil encuadrarlo en un estilo concreto, aunque no imposible.
Lo que si es cierto, es que, todo el que contempla su obra queda "enganchado" e impresionado por su realismo y veracidad.
Echemos mano de la psicología para poder profundizar en el alma del artista.
Se detecta ser muy metódico y detallista, no deja ninguna pincelada en el aire, procura que todos los elementos que componen sus obras tengan un nexo de unión, se observa en la perfecta colocación de sus figuras. Todo ello, en lo concerniente a los bodegones y composiciones mixtas.
En lo referente a lo figurativo, sus caras de personajes, son de una profundidad y expresión extrema, por lo que hace que quien los contempla queda atrapado en las expresivas miradas, dando lugar a que el contemplador piense que se encuentra delante de una obra muy completa, tanto en temática como en técnica.
El Museo Regional Militar de Sevilla, se congratula de tener un estupendo cuadro de Diego de Giráldez, titulado"Quedó inmóvil". Representa la bota de un soldado ajada por el uso que de ella ha hecho el mismo.
Podemos dar fe, por nuestra experiencia, que en el caso de este cuadro, todo el que lo contempla queda "enganchado! tratando de averiguar, a la vez que profundiza, los motivos que llevaron al artista para su creación.
Lo cierto, es que, en toda su obra creadora, trata de que haya una conexión entre la naturaleza y la humanidad, cosa que consigue en demasía.
Resumiendo, cosa harto difícil: es un artista completo, tanto en colorido, como en estructura de trazos y composición
Solo nos queda felicitar a Diego, y animarle a que siga en su línea para bien de Galicia y España.
CORONEL GAVIRA.
Director del Museo Militar Regional de Sevilla.