Notabilísima exposición pictórica del pintor Diego de Giráldez.
Giráldez, desde muy joven sintió un enorme afán por la pintura hasta conseguir un realismo abstractivo con inclusión subrealista que dá un fuerte impacto a su obra.
Ha expuesto en la práctica totalidad de las regiones españolas y visitado Portugal, Francia, Italia y Suiza, dejando buena huella de su presencia entre la crítica artística, que le considera un notable pintor con el ingrediente de su juventud.
Galicia en su temática
" La tierra Gallega que me vió nacer, el vacío de perspectiva del océano que nos circunda, el meigallo de Galicia, la oscuridad producida por la frondosidad de los bosques, etc.., son signos sobre los que baso mi obra. Allá donde estoy con una exposición, cualquiera se da cuenta de que soy gallego".
Los colores que emplea Diego de Giráldez, evolucionan entre los tonos oscuros que emanan de una visión psíquica de Galicia y su entorno.
Julio Santos Pena.
Santiago.
jueves, 9 de abril de 2009
REALIDAD Y MISTERIO EN LA PINTURA DE DIEGO DE GIRÁLDEZ.
Treinta años después de aquella exposición inicial en la que, tímidamente, se daba a conocer, sigue sorprendiento Diego de Giráldez, con su arte peculiar; ése su mundo de silencio, de muerte, de inanición generalizada, en la que todo queda trascendido de misterio.
Muertos e impresionantes están sus bodegones, que deberían aludirse con la denominación francesa, "naturaleza muerta".
Muertos sus objetos de cristal, sus animales. Como embalsamados, esos gallos que quebraron noches, y no albores cidianos, cacareando a destiempo.
Tumefactos y sobrecogedores sus cristos humanizados, con algo de preocupante en su alejamiento de toda estética tradicional y halagadora.
Giráldez ha decidido reunir tres décadas de su quehacer, fidelísimo siempre en la misma línea, un punto tétrico y, sin embargo, no solanesco sino con acercamiento a modos de postbarroco, en un tenebrismo que podía emparentar con artistas olvidados que cuelgan en altos muros de templos penumbrosos.
Tanto, que algún día, quizá se entusiasme con esos mártires decapitados que portan, o exhiben, su propia cabeza en las manos y que pueden verse por tantos conventos hispanos de órdenes misioneras.
Porque a quien no se parece nuestro pintor de A Cañiza, donde tiene museo propio que es fiel reflejo de su misma persona,es a Valdés Leal, quizá porque no le conoce, aunque sea el campeón de la exhibición de lo tétrico y sentencia de las vanidades humanas.
Técnica peculiar, fondos negros, objetos doblemente inanimados, porque en su realidad carecen de vida y en la representación pictórica han sido sacrificados de nuevo. Pintura para ornar celdas y muros cartujanos o camalduenses, ya que invitan, o mejor exigen, meditar sobre el más allá sobra lo que, inerte, será perduralble.
Ningún pintor nuestro ha mostrado tan intensamente su obra en tan corto espacio de tiempo. Diego de Giráldez ha recorrido medio mundo, y aquí, en esta antológica, está una síntesis de ese vagamundear. Cada cuadro es un autorretrato, aunque la figura apenas exista.
Francisco de Pablos.
Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Galicia.
Muertos e impresionantes están sus bodegones, que deberían aludirse con la denominación francesa, "naturaleza muerta".
Muertos sus objetos de cristal, sus animales. Como embalsamados, esos gallos que quebraron noches, y no albores cidianos, cacareando a destiempo.
Tumefactos y sobrecogedores sus cristos humanizados, con algo de preocupante en su alejamiento de toda estética tradicional y halagadora.
Giráldez ha decidido reunir tres décadas de su quehacer, fidelísimo siempre en la misma línea, un punto tétrico y, sin embargo, no solanesco sino con acercamiento a modos de postbarroco, en un tenebrismo que podía emparentar con artistas olvidados que cuelgan en altos muros de templos penumbrosos.
Tanto, que algún día, quizá se entusiasme con esos mártires decapitados que portan, o exhiben, su propia cabeza en las manos y que pueden verse por tantos conventos hispanos de órdenes misioneras.
Porque a quien no se parece nuestro pintor de A Cañiza, donde tiene museo propio que es fiel reflejo de su misma persona,es a Valdés Leal, quizá porque no le conoce, aunque sea el campeón de la exhibición de lo tétrico y sentencia de las vanidades humanas.
Técnica peculiar, fondos negros, objetos doblemente inanimados, porque en su realidad carecen de vida y en la representación pictórica han sido sacrificados de nuevo. Pintura para ornar celdas y muros cartujanos o camalduenses, ya que invitan, o mejor exigen, meditar sobre el más allá sobra lo que, inerte, será perduralble.
Ningún pintor nuestro ha mostrado tan intensamente su obra en tan corto espacio de tiempo. Diego de Giráldez ha recorrido medio mundo, y aquí, en esta antológica, está una síntesis de ese vagamundear. Cada cuadro es un autorretrato, aunque la figura apenas exista.
Francisco de Pablos.
Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Galicia.
miércoles, 1 de abril de 2009
sábado, 28 de marzo de 2009
DIEGO DE GIRÁLDEZ -REALISTA
Una muestra de su reciente producción del pintor Diego de Giráldez, se agrupa bajo el genérico "El Realismo de Diego de Giráldez", efectivamente, la pintura del realista nacido en Pontevedra, cabe calificarla de realista
Diego de Giráldez, no exponía en Santiago, desde 1983. "Otros compromisos lo han impedido. Mi obra, desde entonces no ha variado. La obra no varia, pero sí lo hace el punto de vista, la personalidad; por supuesto, siempre hay una evolución, nuevas líneas, nuevas concepciones". Realismo, es un concepto muy amplio, difuso. "Soy un pintor realista, pero en mi obra hay un cierto aire abstracto, que coloco en el color, traduciendo a la pintura la calma, la filosofía de las gentes, la grandiosidad de las montañas, el clima, el mar; pero no hago una figuración de esos elementos. Por ejemplo el mar lo represento a través de fondos ilimitados-El Realismo NAS".
En el género que protagoniza el bodegón, un género para el que él pintor recupera su sentido simbólico, original. Así, "Miedo a la partida" representa el temor a lo desconocido através de la figuración de palomas, una maleta, frutas....; o " Lucha por supervivencia en conexión con el más allá", nos habla en palabras de Diego de Giráldez, de " La lucha cotidiana por sobrevivir, pensando en el futuro, en creencias que no abarcamos conscientemente. La inquietudes diarias, esas creencias se incluyen en una serie de particulas plasmadas en la obra".
En definitiva, los bodegones de Giráldez, simbolizan el "meigallo", con unos tintes oscuros que tienen su raíz en el clima galaico, en la mirada nostálgica que éste provoca. "Mi obra habla de Galicia, de sus vivencias a través de colores y formas".
CORREO GALLEGO.
Santiago.
Diego de Giráldez, no exponía en Santiago, desde 1983. "Otros compromisos lo han impedido. Mi obra, desde entonces no ha variado. La obra no varia, pero sí lo hace el punto de vista, la personalidad; por supuesto, siempre hay una evolución, nuevas líneas, nuevas concepciones". Realismo, es un concepto muy amplio, difuso. "Soy un pintor realista, pero en mi obra hay un cierto aire abstracto, que coloco en el color, traduciendo a la pintura la calma, la filosofía de las gentes, la grandiosidad de las montañas, el clima, el mar; pero no hago una figuración de esos elementos. Por ejemplo el mar lo represento a través de fondos ilimitados-El Realismo NAS".
En el género que protagoniza el bodegón, un género para el que él pintor recupera su sentido simbólico, original. Así, "Miedo a la partida" representa el temor a lo desconocido através de la figuración de palomas, una maleta, frutas....; o " Lucha por supervivencia en conexión con el más allá", nos habla en palabras de Diego de Giráldez, de " La lucha cotidiana por sobrevivir, pensando en el futuro, en creencias que no abarcamos conscientemente. La inquietudes diarias, esas creencias se incluyen en una serie de particulas plasmadas en la obra".
En definitiva, los bodegones de Giráldez, simbolizan el "meigallo", con unos tintes oscuros que tienen su raíz en el clima galaico, en la mirada nostálgica que éste provoca. "Mi obra habla de Galicia, de sus vivencias a través de colores y formas".
CORREO GALLEGO.
Santiago.
LA REALIDAD Y LA PASIÓN DE DIEGO DE GIRÁLDEZ.
La pintura tiene su propia sede en el espacio, en el mundo y el color la acompaña. Una obra caracterizada por la visión realista "de un arte absolutamente inseparable del oficio", en palabras de Santiago Amón. La luz y la noche se combinan para dejar aparecer a las figuras, sabiendo que "el blanco más blanco nace de la explosión comunitaria de todos los colores y que el negro más negro surge cuando la noche se apodera del fulgor del arco-iris". Pura pasión de pintar, suma y sigue Diego de Giráldez.
ATLÁNTICO DIARIO.
Vigo.
ATLÁNTICO DIARIO.
Vigo.
DIEGO DE GIRÁLDEZ, PINTOR DE REALISMO UNIDO AL NATURALISMO.
Diego de Giráldez, forma parte de las últimas generaciones de la pintura gallega. La perfección formal y la exquisita factura de sus cuadros, dan a la obra de este pintor gallego la calidad de maestro del realismo.
Diego de Giráldez, no se aleja de la representación estricta de los objetos. En sus obras, los elementos inanimados parecen tener vida y, por contra, los objetos a los que la vida ha abandonado dan sensación de vida.
No hay para el pintor Diego de Giráldez, otro lenguaje que el de la pintura, que exterioriza y plasma en suss obras después de largas y agotadoras jornadas de apasionada entrega a su tarea, en un ambiente sóbrio, inventando la luz que configuran sus representaciones.
¿Cómo definiría el estilo artístico que Diego de Giráldez plásma?
- Lo definiria como realismo NAS, una confección filosófica donde la disgregación de partículas u objetos que incluyo dentro de mi obra y que dan un concepto diferente del arte actual.
¿Cual es la temática que destaca en tus pinturas?
-Baso mi obra en tres filosofías principalmente; rural, religiosa e intelectual. Mi obra está basada en objetos y vida que hay en el medio rural, desde mi punto de vista, la pintura religiosa es una plasmación diferente, en la que hay ausencia de figuras y sepasa a una situción psicológica del concepto del cuadro religioso. Por lo que respecta al concepto intelectual, el tema predominante sería la disgregación de los objetos en plano con la intención de dar un mensaje de reflexión.
ANXO BOENTE.
Galicia.
viernes, 27 de marzo de 2009
DIEGO DE GIRÁLDEZ Y SUS RETABLOS.-POR RAMON FARALDO
Hay pintores de cuadros que pintan ideas, véase Dalí. otros, aforismos, quizás Bosco. Otros sentencias de muerte, como Goya, que en paz descanse, aunque lo dudo. Para Picasso, pintar era caer en el vacio, pero cuando uno es Picasso, puede hundirse en el vacio y arrancarle guitarras, manzanas, Guernicas, Minotauros, y hasta palomas de la paz y de la guerra.
Diego de Giráldez, su entorno esa villa artillada de caballos y versos de Guillade, Enriquez y Ferreiro, es un poco todo aquello, idea, aforismo y sentencias sumarísimas pero algo más o algo menos, Giráldez sabe que, a la sazón, no basta con pintar más, ni mejor, ni peor. El tiempo en que vivimos- o morimos -reclama asombro, estupor, sorpresa, maravillamiento, intriga, lo que en cine llaman"suspense", lo que Rimbaud auguró "millón de aves de oro. ¡Oh futuro vigor!", y las gentes menos versadas denominan escalofrío, sortilegio o brujería, o "epater les bourgeois", o dejarnos boquiabiertos, persuadidos de que en el cuadro ocurre algo insólito, veraz, racional, enloquecedor, actual, ancestral; pero que, como, desde, donde, qué orilla anacreóntica donde antaño vivimos o donde algún día señalado viviremos.
Hasta hoy, mi pretendido amigo, el "Cristo-Hombre" parece ser compendio y "suma y sigue" de su trabajo. Usted mismo nos lo explica a su manera, ¡adelante: "graznando rompí el cristal, y te vi, y te pinté-maderas, cristal, ligaduras, tierras quemadas, piel quemada por los golpes de sol y de trabajo, donde la piedra de la calle rompe y la noche entreabierta, conjunto de colores acechantes que se apodera de mi y me posee con su cara de luces... Más que una explicación de su cuadro, es su cuadro mismo el que se explica como quiere, o, mejor, como puede. La pintura no habla, pero se hace escuchar.
Este Hombre-Cristo es más hombre que Dios, más usted o yo, o aquel, o ese que anda por la calle, o ese que regresa a su casa hastiado y supliciado por un quehacer que detesta, una compañera que le incomprende, una ciudad que se encoge de hombros, y otros etcéteras igualmente sombríos. Es la iconografia del bípedo-racional-más o menos racional, quizás menos-del siglo este, de los innumerables Babbits contemporáneos, rodeados de tiniebla como en su retablo, con el signo secreto de una cruz que es más bien una espada, unas ataduras menos perceptibles, pero menos vulnerables que las de su obra, desnudo, supliciado, aherrojado, cireanico, democratizado por cuanto le victimia, y sin otra esperanza que verse perpetuado en un cuadro como el suyo que no equivale ni promete paraisos, ni le emplaza al Este del Eden, pero le asegura un Testimonio perdurable de que las Catacumbas, de la Inquisición y de las ejecuaciones en piras ardientes, guillotina o garrote. Después de Hiro-Shima, Dachau, las checas y los carros de gas, postulados más crueles de "lo que fué" resultan apiadables ante lo que acaba de ser y puede volver a ser. Hasta el apocalipsis se nos antoja una solución retalitavamente burguesa, pero una solución al fin y al cabo (...)
En contraste con la substancia y acento de la obra pintada, su vida es un ejemplo de existencialismo casi frenético. La negativa explícita de cualquier resignación frente a la fatalidad y al trámite protocolario del fin.
Ya sabemos que somos mortales. Obvia sublevarse contra esta condición. Consumir nuestro tanscurso terrestre compadeciéndola y compadeciéndonos. Su juventud, sus desplazamientos incesantes, sus incontables exposiciones, son el indicativo activísimo de un ser que quiere seguir siendo. Usted, Diego de Giráldez, con un acta bautismal tan comprometida para un pintor como llamarse Diego, después del otro Diego, aquel rey Lear de la pintura de hoy, de ayer, de siempre, ha leido y comprendido al inolvidable Machado-muerto en Argeles a unos metros de mi modesta persona-" Caminante no hay camino- Se hace camino al andar"- Usted anda, usted puede, y debe, llegar. No sé a donde, pero seguramente a alguna parte. Seguramente a su propio y victorioso destino.
RAMÓN FARALDO.
Madrid.
Diego de Giráldez, su entorno esa villa artillada de caballos y versos de Guillade, Enriquez y Ferreiro, es un poco todo aquello, idea, aforismo y sentencias sumarísimas pero algo más o algo menos, Giráldez sabe que, a la sazón, no basta con pintar más, ni mejor, ni peor. El tiempo en que vivimos- o morimos -reclama asombro, estupor, sorpresa, maravillamiento, intriga, lo que en cine llaman"suspense", lo que Rimbaud auguró "millón de aves de oro. ¡Oh futuro vigor!", y las gentes menos versadas denominan escalofrío, sortilegio o brujería, o "epater les bourgeois", o dejarnos boquiabiertos, persuadidos de que en el cuadro ocurre algo insólito, veraz, racional, enloquecedor, actual, ancestral; pero que, como, desde, donde, qué orilla anacreóntica donde antaño vivimos o donde algún día señalado viviremos.
Hasta hoy, mi pretendido amigo, el "Cristo-Hombre" parece ser compendio y "suma y sigue" de su trabajo. Usted mismo nos lo explica a su manera, ¡adelante: "graznando rompí el cristal, y te vi, y te pinté-maderas, cristal, ligaduras, tierras quemadas, piel quemada por los golpes de sol y de trabajo, donde la piedra de la calle rompe y la noche entreabierta, conjunto de colores acechantes que se apodera de mi y me posee con su cara de luces... Más que una explicación de su cuadro, es su cuadro mismo el que se explica como quiere, o, mejor, como puede. La pintura no habla, pero se hace escuchar.
Este Hombre-Cristo es más hombre que Dios, más usted o yo, o aquel, o ese que anda por la calle, o ese que regresa a su casa hastiado y supliciado por un quehacer que detesta, una compañera que le incomprende, una ciudad que se encoge de hombros, y otros etcéteras igualmente sombríos. Es la iconografia del bípedo-racional-más o menos racional, quizás menos-del siglo este, de los innumerables Babbits contemporáneos, rodeados de tiniebla como en su retablo, con el signo secreto de una cruz que es más bien una espada, unas ataduras menos perceptibles, pero menos vulnerables que las de su obra, desnudo, supliciado, aherrojado, cireanico, democratizado por cuanto le victimia, y sin otra esperanza que verse perpetuado en un cuadro como el suyo que no equivale ni promete paraisos, ni le emplaza al Este del Eden, pero le asegura un Testimonio perdurable de que las Catacumbas, de la Inquisición y de las ejecuaciones en piras ardientes, guillotina o garrote. Después de Hiro-Shima, Dachau, las checas y los carros de gas, postulados más crueles de "lo que fué" resultan apiadables ante lo que acaba de ser y puede volver a ser. Hasta el apocalipsis se nos antoja una solución retalitavamente burguesa, pero una solución al fin y al cabo (...)
En contraste con la substancia y acento de la obra pintada, su vida es un ejemplo de existencialismo casi frenético. La negativa explícita de cualquier resignación frente a la fatalidad y al trámite protocolario del fin.
Ya sabemos que somos mortales. Obvia sublevarse contra esta condición. Consumir nuestro tanscurso terrestre compadeciéndola y compadeciéndonos. Su juventud, sus desplazamientos incesantes, sus incontables exposiciones, son el indicativo activísimo de un ser que quiere seguir siendo. Usted, Diego de Giráldez, con un acta bautismal tan comprometida para un pintor como llamarse Diego, después del otro Diego, aquel rey Lear de la pintura de hoy, de ayer, de siempre, ha leido y comprendido al inolvidable Machado-muerto en Argeles a unos metros de mi modesta persona-" Caminante no hay camino- Se hace camino al andar"- Usted anda, usted puede, y debe, llegar. No sé a donde, pero seguramente a alguna parte. Seguramente a su propio y victorioso destino.
RAMÓN FARALDO.
Madrid.
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